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Y que si fue un sueño
Un idilio algo finito
Algo que termina o no empezó
Pero esta noche cerrare mis ojos
Y pensare que no lo pude hacer mejor
Porque la ausencia está justificada
Porque el dolor es aceptable
Porque no me parece ni bien ni mal
Porque me lleve lo que pude
Que si que estamos radiantemente jodidos
Durante dos días, vi horizonte nuevo
Déjame llegar a mi casa
y disfrutar de lo ganado
Que lo perdido ya lo estaba o así lo observo
Que no hay medicinas
Para los que no estamos enfermos
Ayer nos dejó, un gran hombre y aun mas gran poeta, Mario Benedetti, se marcho a los 88 años.
Este poeta perteneciente, a la generacion del 45, bautizado con cinco nombre bajo la tradicion italiana, exiliado durante el golpe de estado del 27, sale de uruguay a Buenos aires.
Sus palabras estan inscritas en el tiempo, palabras que nunca olvidaremos, quedarse con un solo verso que nos resuma la grandeza de este hombre seria imposible e injusto, pero si he de seleccionar el mismo dijo lo que pienso de su recuerdo.
“Algunas cosas del pasado desaparecieron pero otras abren una brecha al futuro y son las que quiero rescatar.”
Chica de rojos labios
Tú naciste para bailar tangos
Chica de rojos labios
Te di todo lo que tengo
Chica de rojos labios
Ojos de madera
Voz susurrante en la mañana
Chica de rojos labios
En tu vida apareció la poesía
Y la lanzaste por la ventana
Chica de rojos labios
No hicieron para ti canciones de melancolía
No se hicieron para ti los días
No se hicieron noches cortas
Se hicieron para ti
Chica de rojos labios
Historias que solo a los poetas importan
Una vez amé a una chica a la que nunca vi la cara…
Por aquel entonces estaba escribiendo lo que sería mi primer libro, lo que compaginaba trabajando de bibliotecario por las tardes después de clase.
Bajo la biblioteca, desde que recuerdo se han dado clases de solfeo y piano, a las cuales asistí durante tres años, a marcar compases manosear escalas, y buscar homónimas. Cuando acepté el empleo de bibliotecario poco o nada recordaba que la música inundaba siempre la biblioteca. Los primeros días por cualquier razón que nunca conoceré solo había silencio, la melodía de este inundaba las tardes y bajo la misma se fraguaron frases que hoy se exponen encuadernadas en un vástago de mis manos querido por algunos y odiado por muchos que tuvieron que leerlo forzados, lejos de mi voluntad claro.
Una tarde meditaba sobre el mostrador, llevaba cercano a una semana sin escribir una sola letra, miles de tópicos acudían a mí, el autor en crisis, miedo al folio en blanco… cosa que por cierto nunca tuve. Instantes después de que mi mente pensara en abandonar, en que no sacaría más partido de lo que estaba haciendo, como traída del cielo sonaron las primeras notas del impromtu Op 66 de Chopin, mis manos imitaron a las de quien producía esa dulce vibración en el aire y comenzaron a escribir, alguien me había resucitado, había vuelto…
Una tarde tras otra, acudía cada vez con más anhelo para escuchar y escribir, éramos los dos nuestros confidentes, poco a poco tuve a bien decidir que tenía que ser una chica, de rubios cabellos y sonrisa como el sol, con una voz cálida como el sonido de su piano, que poco a poco fue calando en mi corazón, mis presentimientos se confirmaron cuando un día pase hacia la segunda planta y mire hacia el aula, los cristales eran opacos y solo pude distinguir el brillo de su pelo y una camiseta turquesa, y la escuche toser, si voz delicada se quebró por un instante pero tras eso comenzó a tocar y volví a notar esa fragilidad y elegancia, como la de un finísimo cristal.
Ya no solo acudía por las tardes para escucharla, bailaba junto a ella, hablábamos yo con mis historias y ella con su música, nos comunicábamos, sin ser consciente de que solo yo la escuchaba. Bailamos y hablamos a ritmo de Mozart, Bach, Stravinsky, Ravel, Debussy, Liszt, Brahms, Chopin, Bizet. Y en la sonata nº23 en Fa menor de Beethoven, la besé… cuando sonó la última nota el silencio volvió a cantar…
Y yo puse punto y final a mi libro, nunca le dirigí la palabra, nunca volví a escuchar su voz ni sus manos acariciar el piano años después regresé pero ya nadie recordaba que antes, por las tardes la música llenaba la biblioteca y las motas de polvo que brillaban en los rayos del sol bailaban con notros, ahora bailan la incesante e imperturbable canción del silencio.
Cuando alguien me pregunta que autores influenciaron mi libro, y les contesto, que fueron artistas musicales, siempre me miran con cara de extrañados, por eso todo el mundo se extraña cuando ven que dedique mi libro a una pianista anónima, no entienden que ella era el tema central de mi libro, que allí sentado me enamore de la música.
Una vez me enamore de unas manos que arrancaban notas musicales, a la fría voz del silencio que habitaba en mi corazón. Una vez amé a una chica a la que nunca vi el rostro.
Que no sea ancla la rima
Que hoy quiero hablar de ti
Que no decaigo de mi cima
Pues estas encima de mi
Querías escuchar el mar
En esa noche perfecta
Lejos de la costa estas
Buscamos la forma correcta
Te dije escucha atentamente
Los poetas son de la mar
Y a la mar vuelven los poetas
En mi saliva la sal
En mi sangre las olas
Escucha mi corazón
Y escucha el mar ahora
El eco de tu voz
Como en una caracola.
Tal vez por el aire que arrastro tras de sí
Se borro mi rastro
Te olvidaste de mí
Las hojas secas del pasado otoño
Enviaste a donde vivo
Manejaste el viento
Y yo me sentí esquivo
Ahora que escribo
Aun noto tu huracán
Arremolinas estos folios
Donde no había nada
Arrancaste la primavera
Dejándola de flores privadas
En el suelo margaritas tiradas
Y en el cielo
Algo que murió creyente
O morirá converso
Al tiempo que te fuiste, tu tus besos
Al tiempo que tarde en escribir
Este verso.
Cuando se terminan los versos
El silencio que escondo en mi melodía
Suena a nada
Nada suena
Como sonaba el otro día
Donde yo
En el silencio
En esta noche
Seré viento
Arbolada que canta
Y cruje
Alborada que cruje
Canta
En el silencio
En la noche
En nada
Dónde tú
En el nudo de mi garganta
Atravesé las calles
En las que los arboles
Aun en primavera lloran
Me impregnaron de sus lágrimas
De sensaciones que añoran
Me vi ungido de imágenes
De besos robados
Vacías de autobús estaciones
Ya no hay nadie
Que deje pasar las horas
Y si quien deja pasar momentos
A que cambie eso los arboles esperan
Llegue al sitio que ya conocía
Tanto y tan bien
Me reencontré con sentimientos
Semi sepultados
como de ensueño
Y salir de allí con la sensación
De ser un extraño
Jugamos al 50% demasiado a menudo, somos ludópatas empedernidos de la dicotomía, un sí y un no, punto. El ser humano es el único con el inútil sentido de la venganza, con el sentido de la culpa, con la necesidad de redención, ¿somos seres morales no? Y por ello hay actos que nos pesan, cosas que queremos vengar para que así se haga justicia, y todo ello es porque tenemos memoria, sin embargo es tan tan y tan efímero no olvidamos a los que nos dañan no olvidamos a los que dañamos, esa es nuestra moralidad tan solo basto bagaje en nuestra memoria, el resto idioteces sentido espíritu, mero aspecto psicofísico. Y aun así esto que según el evolucionismo nos convierte en la mejor especie nos hacer perder muchos puntos según mi forma de ver en la escala de la evolución, somos capaces de recordar el daño que nos hacen pero no aprendemos y seguimos jugando al ensayo error, somos adictos, urim y turim en nuestra bolsa siempre, según la psicología social existe un mecanismo llamado aprendizaje vicario por el cual el sujeto aprende de observar a otro sujeto en unas condiciones, pero en cuantos y tantos aspectos necesitamos meter nuestras propias manos para pillarnos los dedos y es que lo que se registra en nuestra memoria es lo que realmente nos pesa.
Un león mata reiteradamente simplemente por el hecho de sobrevivi pero si se horrorizase cada vez que matase a un cervatillo, cuando volviese a tener hambre no se acordaria del horror que sintió antes, por lo que volveria a matar.
Por todas las veces que nos han hecho el avioncito, y por las veces que nos la volverán a jugar, porque no sabemos vivir diferente, adictos al error, y eso es el divino libre albedrio humano, lo que nos hace tan maravillosos y tan horribles a la vez.
Cuarzo blanco y cuarzo negro, a nadie le gusta decidir no es cierto. El destino siempre es una buena escusa.

¿qué me cuentas?